En un viaje familiar hay un momento en el que todos dejan de disfrutar y empiezan a cansarse, aunque nadie quiera aceptarlo todavía.
Nuestro itinerario de un día en Tokio era ambicioso: empezar temprano en el templo Sensoji en Asakusa, caminar hacia el Tokyo Skytree, cruzar al atardecer hacia Shinjuku y cerrar la noche buscando a Godzilla. En papel sonaba emocionante, pero a media mañana el cuerpo empezó a pasar factura.
En una calle cerca de Sensoji decidimos no estirar más la mañana y entrar a comer ramen. Fue una parada sencilla, pero nos arregló el resto del día.
Parar a comer antes de que todos estén de malas
Cuando traes una ruta apretada es fácil decir: “aguantamos otra hora y comemos llegando a la torre”. Nosotros ya íbamos por ese camino.
Pero con niños, miles de pasos encima y varias horas fuera del hotel, el hambre se nota rápido: todos caminan más lento, se desesperan y cualquier cosa empieza a molestar.
Paramos alrededor de las 11:45, antes de la hora fuerte de comida. Encontramos lugar en un local pequeño, nos sentamos con calma y pedimos sin traer a todos de malas. Desde entonces preferimos comer un poco antes y no esperar a que el hambre decida por nosotros.
Una comida práctica para retomar el camino
El ramen puede ser una opción muy práctica para comer bien sin complicar demasiado el presupuesto.
Pedimos tres tazones abundantes de fideos con caldo caliente, chashu —cerdo marinado— y huevo. No conservamos un recibo que permita publicar el total con precisión, así que preferimos no convertir el recuerdo en una tarifa de referencia.


En ese local, el agua y el té verde estaban incluidos sin costo adicional.
Además de comer, tuvimos unos 45 minutos con aire acondicionado, descansamos los pies y revisamos la ruta. Salimos con otro ánimo.
El efecto en el resto de la ruta
Al salir del local, la diferencia era evidente. El trayecto a pie hacia el puente Sumida y la subida al Tokyo Skytree se vivieron con entusiasmo y risas, no arrastrando los pies.
Si hubiéramos seguido hasta Skytree con hambre, seguramente habríamos comprado lo primero que encontráramos, con más gente y menos paciencia para escoger.
Veredicto DTAV
Cuando armes tu recorrido por Tokio, considera comer antes de la hora en la que normalmente lo harías.
Ese tazón de ramen no nos quitó tiempo: nos permitió terminar el recorrido de buen humor.


